Dos amigos decidimos animarnos a la locura. Con casi nada, salvo una enorme ilusión y muchas ganas, resolvimos que era ahora o nunca el momento de concretar nuestro sueño: recorrer el continente americano en moto. Ahí vamos.
Muchos escondieron una sonrisa burlona. Otros, en cambio, directamente se nos cagaron de risa cuando les comentamos que las motos que pensábamos comprar pesaban, nada más ni nada menos, que 180 kilos, es decir 2 veces y media nuestro propio peso. Algunos, incluso, habrán pensado: “estos Poncharelos en el primer porrazo van a tener que llamar al sargento Cabral para que los rescate de abajo del caballo”.
Ilusos todos. No sólo no nos caímos (por ahora), sino que ya desde los primeros kilómetros que nos deslizamos sobre sus lomos metálicos sentimos que Don Jawa había pensado en nosotros cuando diseñó esta moto.
Lo cierto es que en los últimos días hemos estado dando nuestros primeros pasos en las autolecciones de manejo y nos hemos animado no sólo a andar por las indomables calles de tierra del barrio, sino que nos deslizamos por las ondulantes rutas pampeanas, respirando los aires de la libertad (que estaban bastante frescos por cierto).
El proyecto, amigos, marcha viento en popa. Ya tenemos en nuestros bolsillos los pasaportes y en los próximos días contaremos con las licencias de conducir y con la papeleta completa de las motos, por lo que los santarroseños que aún permanecen incrédulos van ver con sus propios ojos que no era joda, que la cosa viene en serio. (Posiblemente se nos sigan riendo, pero ya no por no creernos, sino por la facha de Power Ranger del subdesarrollo que tenemos con los super cascos que nos compramos).
Aprovechamos este nuevo contacto para recordarles que nuestras alforjas están siempre abiertas para cualquier ayuda que nos quieran prestar.
Acá estamos, queridos amigos, ya más avanzados en “el proyecto”. Y diríamos “mucho” más avanzados, porque tenemos lo fundamental para emprender un viaje en moto: las motos. El sábado 5 de septiembre cerramos la operación por nuestras Jawas. Para esto viajamos a Buenos Aires con la plata escondida en distintas partes de nuestras humanidades, porque si nos llegaban a robar, cosa que no descartábamos, no sólo nos llevarían el dinero –conseguido con la venta de nuestros autos-, sino que nos robarían lo principal: la ilusión y el sueño. Traspié del que difícilmente nos hubiéramos podido recuperar, al menos en el corto plazo.
Pero no hubo robos ni nada que se le parezca. Fue un buen viaje porque no sólo pudimos comprar las máquinas, sino que comprobamos que la gente que nos vendió las motos es, al menos esa es la sensación que nos quedó, buena gente, con la que podremos contar si nos pasara algo en pleno viaje.
Con las motos en el garage y secos como un ladrillo, comenzamos ahora una etapa nueva, la de afianzarnos en el manejo de los bólidos, para lo cual, advertimos, ya fueron tramitadas las correspondientes licencias de conducir, prueba práctica que haremos con una Zanella 50 (pequeña trampa al sistema), del amigo Juani de Pián.
Pero no sólo la etapa de conducción y conocimiento de las máquinas es la que empieza, sino también la de poner en práctica el operativo “mangazo”. En breve comenzaremos a recorrer los locales de los dadivosos comerciantes para que den rienda suelta de una vez por todas a ese espíritu de solidaridad que han tenido reprimido durante tanto tiempo. Sí, nosotros les vamos a dar la oportunidad para que liberen el buen samaritanismo que llevan adentro de sus corazones y que, por falta de excusas, no han podido expresar. (Por favor, ayúdenos!!!).
Todo esto que vamos a empezar a hacer en los próximos días no implica que durante estas semanas nos estuvimos rascando el higo, sino que, muy por el contrario, nos hemos movido para, entre otras cosas, vender los vehículos (hasta ahora uno solo –es que está duro el mercado del usado-) y para completar un cuadro de vacunación que sinceramente nos ha dejado los brazos a la miseria (de hecho este texto se lo estamos dictando a una secretaria, ante la imposibilidad de hacerlo por nuestros propios medios).
Bueno amigos, acá estamos, el proyecto no tiene vuelta atrás y comenzó el 5 de septiembre la primaveral cuenta regresiva. En los próximos días daremos cuenta de las prácticas en manejo y, esperemos, de las solidarias ayudas que hemos recibido. Desde ya agradecemos a todos los amigos, conocidos y familiares que nos alientan día a día. Un abrazo a todos.
“¿Hasta dónde?”; “¡en moooooto!, ustedes están looocos”; “¡buenísimo!, me parece una idea genial, pero, de dónde van a sacar la guita?; estas fueron, a grandes rasgos, las respuestas de los amigos, no tan amigos y familiares a los que les participamos del proyecto de rodar por las rutas de Latinoamérica en moto. Hubo de todo: sobraron los incrédulos, no faltaron los que nos miraron con resignación como diciendo, “es al pedo, estos chicos no mejoran más, pobres”; pero estuvieron sí los imprescindibles entusiastas que tomaron como propio el desafío y ya nos parece una canallada no decirles, “loco, te llevamos”. Lo cierto es que la idea está en marcha. Si bien no hemos avanzado tanto, lo importante es que hemos avanzado y que ya nos hemos contactado con alguna gente que nos va a ayudar, otra que nos aconseja, otra que aporta para juntar fondos, y están también los que barajan posibles actividades para recaudar -incluso algunas amigas ya comenzaron a practicar en el patio de sus casas el baile del caño para futuras peñas (sin que se enteren los maridos, obviamente)-. Pero si de algo no tenemos dudas es que del proyecto se va a enterar gran parte de la ciudad, porque en Santa Rosa somos pocos y para colmo nos conocemos bastante mucho. Lo cual no deja de ser una ventaja porque en ésta vamos a precisar de muchas manos y no pocas cabezas. Si bien ya tenemos la decisión de comprar el modelo 300-9 de Jawa, visitamos algunas concesionarias de motos de la ciudad para que nos digan cosas de Honda y Yamaha, que nos den más motivos para seguir pensando que “las jawas” son nuestras motos. Al parecer nuestras preguntas sobre las motos son tan básicas que los tipos de las concesionarias deben pensar “estos marmotas no tienen ni idea de lo que piensan hacer”. Seguramente tienen razón, pero cada día que pasa nos convencemos más, como ya lo dijimos antes, de que si no lo hacemos ahora no lo hacemos más. Muestra de ese avance del que hablamos más arriba es que ya comenzamos refrescando la memoria de cómo se maneja un bólido de mediana cilindrada, gracias a los agradecidos consejos de nuestro amigo “el Luis”, quien aún conociendo lo kamikaze que somos, puso a disposición su moto para las prácticas, previo paso por la agencia de seguros. Algunas de esas imágenes serán colgadas en breve en el blog. Queridos amigos el proyecto ya está en marcha y gracias a Dios (si es que existe), a nuestro convencimiento interno se le suma, a medida que se entera más gente, la “presión externa” para concretar la idea, por lo que ya no hay marcha atrás. Latinoamérica, allá vamos!!!
Dirán que somos improvisados, que la locura ha hecho estragos en nuestros cerebros, pero es que hace dos días quedamos absolutamente flechados desde que conocimos a nuestras próximas compañeras de viaje. Hace dos días las vimos, seductoras, sensuales, engatusándonos con sus curvas imponentes. Supimos que eran ellas, que serían ellas las que nos acompañarían. Esas certezas que se sienten en la boca del estómago. Allí están para que pronto, muy pronto, vayamos por ellas para que nos lleven por los recodos de este sueño. Sólo para que las vean...Leer más...
Sería menester presentarnos. Somos dos periodistas de apenas una treintena de años que durante la última década, y algo más, hemos trabajado, y aún lo hacemos, en diarios y en áreas de prensa de instituciones de la ciudad de Santa Rosa (La Pampa – Argentina). De proyectos como el que pretendemos encarar sólo tenemos algún que otro relato leído. Pero una fe a prueba de todo. Por lo pronto ya nos estamos dejando crecer la barba y no nos cortamos el pelo para que hasta el más desprevenido que nos vea se dé cuenta de que riesgo y aventura son nuestros nombres y apellidos.
En concreto, somos dos tipos cualquiera un tanto hartos de la rutina diaria y del laburo, pero fundamentalmente convencidos de que “si no lo hacemos ahora no lo hacemos más”.
Menester también es aclarar, a fuerza de ser sinceros, que experiencia en este tipo de viajes no tenemos. Y menos en motocicletas. El proyecto, como idea, parece una locura. Llevar esa idea a la práctica resulta, cuanto menos, una locura al cuadrado. Pero no seremos los primeros en intentarlo y mucho menos en lograrlo, porque lo que sobra, entre las pocas cosas que nos sobran, por el momento, son ganas.
Es decir, no hablamos de nada nuevo. Hablamos “simplemente” de cubrir miles de kilómetros en motocicleta, siguiendo la ruta que ya trazaron otros, entre ellos Ernesto “Che” Guevara y su amigo Alberto Granado, hace ya de esto demasiados años. No nos proponemos seguir al pie de la letra la huella que ellos marcaron, ni tampoco hacerlo a bordo de una sola motocicleta; sí en dos. El proyecto, la idea, es tocar todos los países de la costa del Pacífico y en lo posible hacer escala en cada uno de los lugares históricos ya sea por su contenido cultural (prehispánico e hispánico) o turístico, además de los sitios que nos parezcan dignos de visitar sin que cumplan con alguno de esos dos requisitos.
Una cosa sí esta en claro, y es que cada uno de nuestros pasos, y fieles a la profesión que nos ha permitido sobrevivir hasta el presente, será volcado como “crónicas de viajes” en este blog, sitio que tenemos la esperanza de decorar con muchos, pero muchos, anuncios de auspiciantes (grandes, medianos, chicos y chiquititos, o “chiquiticos”, para ir entrando en clima).
El punto de partida es la ciudad de Santa Rosa, qué otro si no. De ahí atravesar las provincias cuyanas -con una estadía de algunos días en el mendocino cañón del Atuel, por traernos algunos recuerdos memorables- por la mítica Ruta 40, hasta Salta. Luego ingresar a Bolivia por el paso fronterizo de La Quiaca/Villazón, teniendo como primer destino en el extranjero la ciudad de Potosí. El avance incluye Oruro, previo desvío a Sucre, para desembocar en La Paz. De allí al Lago Titicaca un solo paso, igualmente un solo paso, o brazada por esas aguas, al Perú, con la mira puesta en un destino imprescindible: las ruinas del Machu Pichu, las de Chachapoyas, Chiclayo y Kuelpa. Obviamente visitar Nazca y estacionar nuestros bólidos en otros pueblitos que, imaginamos, deben resultar merecedores de que nuestras retinas retengan para la eternidad sus milenarios paisajes.
Perú será “el país” para nosotros, no sólo por el constante deseo de conocer las ruinas prehispánicas, sino por ser devotos lectores de sus plumas más reconocidas, como Alfredo Bryce Echenique y Mario Vargas Llosa, con quienes, a través de párrafos y párrafos hemos hecho nuestros esos lugares.
Ecuador (paso por Macara), demandará de varias semanas de estadía y el rodar de muchos kilómetros, no sólo por su inagotable número de lugares históricos -Guayaquil y Quito incluidos-, sino por la magia de su frondosa selva amazónica y por tener, además, otro de los puntos casi inevitables para cualquier viajero que se precie de tal: las Islas Galápagos. Obviamente el volcán Cotopaxi y el Imbabura (donde nos aguarda gente querida) y todos aquellos puntos que no aparecen en los mapas pero que iremos descubriendo en forma inversamente proporcional al grosor de nuestras billeteras (que, a fuerza de ser sinceros, almacenan hoy por hoy demasiado espacio libre).
El viaje se supone largo y arriesgado, pero realizable y soñado. Colombia por ruta Panamericana es el destino siguiente. El país propone, entre otros destinos a cubrir, Cartagena y Barranquilla, previo recorrido de la costa del Pacífico hasta la línea de Cali, para de allí seguir hasta su capital, Bogotá, luego Medellín y ya pasar a las costas caribeñas con la mirada puesta en aquellas dos bellísimas ciudades.
Para dar un descanso a nuestras motos, las llevaremos a navegar en el cálido vaivén del mar caribe para que de las costas colombianas nos arrastren hasta las arenas de Panamá. De este país, otra vez en dos ruedas, o en cuatro, remontar Centroamérica para atravesar Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, todo lo cual nos llevará su tiempo, con la mira en el que podría ser el punto final del viaje de ida: México (entiéndase todo México).
El carácter potencial del verbo poder, se debe a que otro posible punto culmine de la travesía que tenemos en mente es Cuba. Hablar del operativo retorno a la Argentina será motivo de otro plan, del que por ahora no estamos muy convencidos de su contenido. Pero que volver, vamos a volver.